A largo plazo, los egoístas salen perdiendo

Dos biólogos evolutivos de la Universidad Estatal de Michigan (EE UU) han demostrado que la evolución castiga a los egoístas, porque el egoismo no es evolutivamente sostenible. Por el contrario, cooperar resulta beneficioso a largo plazo. En un artículo que publica esta semana Nature Communications, el microbiólogo y genetista molecular Christoph Adami, que lleva treinta años estudiando el origen de la cooperación en los organismos vivos, explica cómo utilizó el juego del dilema del prisionero para estudiar los mecanismos de la cooperación. El dilema consiste en un problema de la teoría de juegos en el que dos sospechosos de un delito son detenidos y encerrados en celdas de aislamiento de forma que no pueden comunicarse entre ellos. La policía carece de pruebas suficientes para condenarlos, por lo que se decide separarlos y darles el mismo trato, intentando que ambos proporcionen las pruebas para culpar al otro. Si ambos permanecen callados, permanecen un mes en prisión.Si ambos confiesan permanecen tres meses. Y si uno inculpa al otro queda libre, mientras su compañero sigue encarcelado seis meses.

Los investigadores demostraron que cuando se permite a los prisioneros hablar entre sí siempre deciden cooperar y quedar callados para obtener el menor perjuicio posible en conjunto (un mes cada uno). Pero que si no se comunican, tienden a pensar solo en sí mismos y a confesar, porque así evitan que si el otro les delata su pena pase a ser seis meses. Adami y sus colegas concluyen que a largo plazo cooperar es más beneficioso, pero que es imprescindible que exista información y comunicación para que la cooperación se produzca.

Etiquetas: biologíaevolución

Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar