La historia de las cámaras de fotos PDF Imprimir E-mail

moncho335

GaleríaLytro, la cámara que permite enfocar a posteriori
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Tras siglos de continuas innovaciones, hemos dado con el modo de captar y conservar imágenes. Hoy, las cámaras se han convertido en gadgets indispensables.


Ahora que se pueden obtener fotografías con tantos artilugios distintos, podemos convenir en que una cámara es un objeto que permite atrapar y guardar la imagen de algo que ha existido en la realidad. Lo primero es capturarla. ¿Cómo lo hace? Al ver esta cosita compacta –menor que un paquete de tabaco y de apariencia sólida y maciza– me extraño de que sigamos llamándole cámara. Pero es verdad que lo esencial en ella es disponer de un recinto interior a donde no llega la luz más que a través de un orificio puntual. Sigue siendo una cámara oscura. La luz que entra por ese orificio cuando abrimos el obturador es capaz de formar en el interior una imagen, pequeña e invertida de lo que existe fuera.

Daguerre cambió el mundo


Niépce entró en colaboración con el creador de dioramas y decorados Louis Daguerre, con el que intercambió experiencias. Fallecido el primero, Daguerre logró en 1837 fijar imágenes con sal sobre una placa de cobre pulida cubierta por nitrato de plata. Es más, las imágenes se captaban en exposiciones de 2 ó 3 minutos, lo que permitía hacer tomas de personas. De hecho, este avance se hizo tan popular que el 90% de las placas que se conservan, denominadas daguerrotipos, son retratos. En un año se hicieron 500.000. Paralelamente a Daguerre, el científico Fox Talbot desarrolló en 1835 un tipo distinto de fotografía, en el que podía hacerse un negativo, a partir del cual se obtenían numerosas copias. Aunque Talbot llamó a aquellas reproducciones calotipos, del griego kalos, belleza, sería el astrónomo John Herschel quien acuñaría el término fotografía –que proviene del griego foto, luz–, precisamente en una carta remitida a Talbot en 1839. En 1844, este profetizó el futuro de la fotografía como una forma de arte y un modo de impresión y de registro histórico.

Ese fenómeno era ya conocido en la Antigüedad por Aristóteles y Euclides,y en la Edad Media, por el matemático árabe Alhacén y Roger Bacon, pero fue Leonardo da Vinci quien lo interpretó y estudió a fondo. Así, nos dejó el siguiente texto: “Digo que si el frente de un edificio, o cualquier espacio abierto, iluminado por el sol tiene una vivienda frente al mismo, y que si en la fachada que no enfrenta al sol se hace una abertura redonda y pequeña, todos los objetos iluminados proyectarán sus imágenes por ese orificio, y serán visibles dentro de la vivienda, sobre la pared opuesta, que deberá ser blanca, y allí estarán invertidos”.

La inevitable tentación de pintar las imágenes que se formaban dentro de las cámaras se satisfizo primero a mano, dibujando sobre papeles semitransparentes. Por este procedimiento hicieron dibujos el propio Leonardo y Durero. Eso sí, aquellas cámaras tenían las dimensiones de una habitación. El pintor se situaba en su interior y dibujaba lo que veía reflejado en la pared blanca. En el siglo XVI, un físico napolitano, Giovanni Battista Della Porta, antepuso al orificio una lupa –una lente biconvexa– y obtuvo imágenes de mayor nitidez y luminosidad.

La cámara siguió perfeccionándose y fue ampliamente utilizada por científicos como Robert Boyle, Robert Hooke y Van Leeu wenhoek, así como por los pintores Vermeer y Canaletto. Por cierto, “cámara oscura” es un término acuñado en 1604 por el astrónomo Kepler. Con ella ya se podían capturar las imágenes en una caja, pero para conservarlas hubo que esperar al siglo XIX.

 

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