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Y aún hay más. La biomasa es un generador de energía, y también los saltos de agua en micropresas, como las de Noruega, o la fuerza de las olas. El 80% de las viviendas suecas utiliza la geotermia solar. Según la UE, este es el sistema más limpio para calentar porque no genera CO2. Extrae de la corteza terrestre la energía del sol, que se almacena a cinco metros de profundidad. Mediante conductos de agua y bombas, el calor se aprovecha para calentar agua o alimentar los sistemas de acondicionamiento térmico. Según Manuel Viñals, director de I+D de la empresa Geotics, “en España no se llega a las mil y pico instalaciones de este tipo y, de ellas, el 80% se pone en viviendas unifamiliares. El resto se suelen adecuar a lugares donde se necesita aportación de calor y frío durante todo el año, como colegios, hospitales, bibliotecas...”.
Quien quiera vivir independiente de la red debe estar preparado para la falta de recursos: en todas partes hay días sin viento o con cielos nublados. Ante esto, el CIEMAT propone el uso de pilas de combustible. Según Guallart, en los últimos años se han llevado a cabo estudios impulsados por la UE para almacenar hidrógeno, “pero los proyectos no han funcionado bien. Ahora investigamos cómo acumular energía de forma eficiente”. Jebens revela que pueden utilizarse baterías estacionarias o con elementos más sofisticados, como depósitos de agua bajo tierra, “pero lo mejor es seguir conectado a la red y venderle energía, que es más rentable tanto para la economía como para el medio ambiente”.
Según los expertos, la autonomía no sólo debe ser considerada desde el punto de vista energético. Vicente Guallart retoma aquí el concepto FabLab y pone sobre la mesa la idea de generar nuestros propios alimentos. “Avanzamos hacia una sociedad tecnoagrícola, en la que podremos producir bienes, energía y comida de forma local y, a la vez, estar conectados con el mundo. Es un cambio provocado en cierta medida por internet, que ha roto con la centralización de la producción. Todos somos generadores y consumidores de información y eso se extenderá a la energía y los alimentos”, apostilla Guallart.
Esa es la idea de las earthships estadounidenses, que se venden por unos 400.000 dólares. Son casas solares pasivas construidas con materiales reciclables bajo las premisas de la biotectura –combinación de biología y arquitectura– y dotadas de elementos de generación de energía, así como de sistemas integrados de agua. En España, lejos de diseminar, concentramos. Y un buen ejemplo son los barrios ecológicos con los que se está experimentado en varias ciudades del país. La empresa Acciona y el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès acaban de firmar un convenio para crear el primer microbarrio de emisiones cero que producirá la misma energía que consuma. Se prevé construir 150 viviendas protegidas, un edificio dotacional y una residencia de estudiantes. Guallart está diseñando en Motril (Granada) el Ecobarrio Tropical, con edificios que generan su propia energía e integran la producción de alimentos en huertos urbanos.
Por si fuera poco, ya hay prototipos de Urban Space Stations –estaciones espaciales urbanas–. Están pensados para aislar las emisiones de CO2 de los edificios –responsables de hasta el 80% de las emisiones de este gas en grandes ciudades– y reinyectarles aire enriquecido con oxígeno gracias al trabajo de las plantas en su interior. Poseen invernaderos en los tejados capaces de reutilizar los residuos de los edificios para obtener recursos nutritivos y potenciar la biodiversidad urbana.
Pero muchos coinciden en que no tiene sentido conseguir edificios independientes y de emisiones cero si continuamos utilizando los coches como hasta hoy. “Por eso es necesario electrificar la movilidad”, exige Solanas. Ya hay pasos en esa dirección, como ocurre en Friburgo, una localidad alemana gobernada por Los Verdes donde existen barrios a los que no pueden acceder los vehículos. Estos se dejan en aparcamientos en la superficie, porque los subterráneos son grandes generadores de CO2. Vicente Guallart pronostica que, en un futuro no muy lejano, el intercambio energético entre el automóvil y la casa será frecuente. El arquitecto estima que “pronto los coches y las casas funcionarán con los mismos tipos de energía y almacenamiento. Y se está trabajando en el concepto de vehículos que dan energía a una casa y la toman de ella, según las necesidades de cada uno”.
Por Juan Manuel Daganzo
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01/07/2009
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