El Ardipithecus ramidus, una especie que vivió hace 4,4 millones de años en la actual EtiopÃa, podrÃa ser el homÃnido más antiguo de la historia. A esa conclusión han llegado varios equipos de investigadores que, a lo largo de 11 artÃculos publicados en la revista Science, certifican la importancia de un ejemplar hembra apodado Ardi que precede a Lucy, el ejemplar mejor conservado de Australopithecus afarensis, en aproximadamente un millón de años. Por eso Ardi es la nueva candidata a abuela de la humanidad.
Se cree que el último ancestro común compartido por humanos y chimpancés vivió hace seis o más millones de años. Aunque el Ardipithecus no es en sà mismo este último ancestro común, probablemente compartió muchas de sus caracterÃsticas. A través de un análisis de cráneo, dientes, pelvis, manos, pies y otros huesos, los investigadores han determinado que Ardi tenÃa una mezcla de caracterÃsticas "primitivas" compartidas con sus predecesores, los primates de la época del Mioceno, y caracterÃsticas "derivadas" que comparte sólo con los homÃnidos posteriores."Cuando vas de la cabeza a los dedos del pie, lo que ves es una criatura mosaico, que no es ni chimpancé, ni es humano. Es Ardipithecus", asegura Tim White investigador de la Universidad de California Berkeley y autor de uno de los principales artÃculos publicados en Science.
White y su equipo descubrieron 110 especÃmenes de Ardipithecus procedentes de la cordillera de Afar al noroeste de Etiopia. El ejemplar mejor conservado, Ardi, resultó ser una hembra que pesaba 50 kilogramos y medÃa alrededor de 1,5 metros, de la que se conserva un esqueleto parcial bastante completo con gran parte del cráneo, manos, pies, miembros y pelvis. Ardi tenÃa un cerebro más pequeño que el del Australopithecus y similar al de los bonobos y los chimpancés hembra. Su cara mostraba un hocico prominente, lo que le conferÃa una apariencia similar a los simios. Algunas caracterÃsticas de su cráneo, como el promontorio sobre el entrecejo, son bastante diferentes a las de los chimpancés.
Hasta ahora, los investigadores habÃan asumido que chimpancés, gorilas y otros simios africanos modernos habÃan retenido muchas de las caracterÃsticas del último antepasado que compartieron con los humanos, es decir, que este ancestro era mucho más parecido a los simios que a los humanos. Por ejemplo, se habrÃa adaptado a balancearse y colgarse de las ramas de los árboles y quizás caminaba sobre sus nudillos cuando estaba en el suelo. Sin embargo, el Ardipithecus desafÃa estas teorÃas. Según sus descubridores, Ardi vivÃa en un ambiente boscoso, húmedo y más frÃo de lo que es en la actualidad y existÃan claros y bosques tapizados por prados. SubÃa a cuatro patas a las ramas de los árboles, como algunos primates del Mioceno, y caminaba erguida sobre las dos piernas cuando se encontraba en el suelo. No parece que anduviera con los nudillos en el suelo o que pasara mucho tiempo balanceándose y colgándose de las ramas, como hacen los chimpancés. Por otra parte, todo apunta a que el Ardipithecus pudo también correr pero probablemente con menos velocidad y eficacia que los humanos.
El análisis del esmalte dental indica que Ardi y su linaje tenÃan una dieta omnÃvora relativamente diversa, que incluÃa frutas y otros alimentos del bosque como nueces y hojas. Los investigadores también concluyen que las manos de este ancestro de los seres humanos eran ya relativamente ágiles, y que sólo requerÃan un alargamiento de los pulgares y un acortamiento de los dedos para utilizar y producir herramientas.
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