| ArchisÃlabos |
DecÃa George Orwell, el escritor británico autor de 1984 y Rebelión en la granja, que el secreto de una buena prosa reside en elegir, entre dos palabras de idéntico significado, la que sea más corta. Una filosofÃa que practicó también el español AzorÃn, que acostumbraba a tachar en sus manuscritos todos aquellos términos que le parecÃan difÃciles o rebuscados, y que sustituÃa por otros más sencillos o menos impostados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se vive el fenómeno contrario: algunos hablantes tienden a engordar las frases con expresiones ampulosas, pomposas y sonoras. AsÃ, es habitual escuchar climatologÃa en lugar de clima, altitud por altura, y citación por la mucho más vulgar cita.Hace años el profesor Aurelio Arteta definió estas palabras artificialmente sobredimensionadas para que suenen más importantes como archisÃlabos, y desde entonces denuncia de vez en cuando las actitudes archisilabizadoras de polÃticos, profesionales y periodistas, entre muchos otros. Por ejemplo, el hombre del tiempo que anticipa en televisión precipitaciones, en vez de anunciar lluvias; el médico que, ante la sintomatologÃa –no sÃntomas– de un paciente, encarga una analÃtica en lugar de un simple análisis, o el periodista o polÃtico que, en diarios y revistas, se refiere a cumplir la legalidad, cuando podrÃa decir perfectamente la ley. Hay muchÃsimos más términos archisÃlabos, y por si necesita reciclar su léxico para ponerse a la moda, no olvide que debe decir caracterización en lugar de caracterÃstica, peligrosidad en lugar de peligro y argumentación como alternativa archisilábica al común y vulgar argumento. En la misma lÃnea, recuerde elegir llamamiento en vez de llamada, honorabilidad por honor y referente por modelo. No se olvide tampoco de los verbos. Utilice culpabilizar en vez de culpar, visionar por ver, inicializar por iniciar, y en lugar del aburrido abrir utilice el mucho más complejo y pretencioso aperturar. Y ante la duda, ya sabe, siempre lo más largo y complicado. Antonio Muñoz Molina 26/03/2009
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DecÃa George Orwell, el escritor británico autor de 1984 y Rebelión en la granja, que el secreto de una buena prosa reside en elegir, entre dos palabras de idéntico significado, la que sea más corta. Una filosofÃa que practicó también el español AzorÃn, que acostumbraba a tachar en sus manuscritos todos aquellos términos que le parecÃan difÃciles o rebuscados, y que sustituÃa por otros más sencillos o menos impostados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se vive el fenómeno contrario: algunos hablantes tienden a engordar las frases con expresiones ampulosas, pomposas y sonoras. AsÃ, es habitual escuchar climatologÃa en lugar de clima, altitud por altura, y citación por la mucho más vulgar cita.














