| Arcadi Navarro: “La naturaleza es cruel, violenta y manipuladora hasta límites increíbles” |
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–¿Instinto de supervivencia? –Este instinto toma formas muy diferentes, desde la competición salvaje hasta el altruismo más sacrificado. Como en la guerra, en la naturaleza puedes tener enemigos y aliados. La cooperación se da como una estrategia para triunfar que produce recompensas, aunque tiene un coste: hay que hacer sacrificios. Todos somos el producto de la colaboración entre muchas células que se han puesto de acuerdo con un objetivo común –construir una persona– y han delegado la reproducción, que es la necesidad primaria de todo ser vivo, en unas cuantas células privilegiadas. Cooperan unos genes con otros, unas células con otras, unas especies con otras y unos individuos con otros. –¿No se producen rebeliones? –¡Claro! Continuamente. Y se crean estructuras especializadas en la vigilancia de los que no cooperan. Hay células que se rebelan, se dividen y producen cáncer. En las colmenas de abejas, algunas obreras intentan poner huevos al margen de la reina. Por eso hay patrullas que recorren el panal, como si fueran miembros de una policía política, y detectan y se comen los huevos de las rebeldes. La reina también tiene un papel opresor: segrega feromonas que impiden que los ovarios de las obreras funcionen, aunque en una colonia de 30.000 abejas puede haber tres o cuatro transgresoras. En nuestra sociedad también hay individuos que se especializan en castigar a los no cooperadores, como los policías y los jueces. Y en este sentido, los genes tienen mucho que ver, más de lo que pensábamos. –O sea, que la genética influye y determina nuestro comportamiento. –La historia evolutiva de cada especie aparece plasmada en su patrimonio genético, que determina que ciertas conductas sean en cierto sentido heredadas. Hay organismos que realizan tareas para cuyo aprendizaje el ser humano necesitaría cursos y cursos. Por ejemplo, los castores levantan complejas presas de forma casi refleja. En cambio, para nosotros resulta más adaptativo transmitir culturalmente muchas de las cosas que algunos animales heredan de sus padres. Nuestra biología nos abre a la cultura y nos aleja del determinismo. Nuestro éxito como especie está en la plasticidad, en los mecanismos que nos permiten recibir conocimientos y transmitirlos culturalmente. La genética nos da la capacidad del lenguaje, pero para desarrollarlo debemos aprender a hablar de niños. Y el conflicto es el motor que nos hace dar un paso más. –Eso no es políticamente muy correcto. –Pero es así. El conflicto es la principal fuerza creadora de la diversidad del mundo vivo. Sin él no habría competencia por maximizar la reproducción en cada generación y no existiría tanta diversidad de especies. La evolución no se produce por la fuerza ciega de las mutaciones en los organismos, sino porque algunas son beneficiosas, conducen a una mayor reproducción y por eso se asimilan. Otras, en cambio, son problemáticas, generan poca adaptación y, por lo tanto, son eliminadas. De hecho, los grandes avances científicos se han producido en contextos de conflictos bélicos, como el auge de la aviación en la I Guerra Mundial o la revolución atómica durante la II Guerra Mundial. El conflicto es constante, permanente e inherente a la vida, aunque permanezca escondido. Es la fuerza que desde hace 3.500 millones de años configura la vida en la Tierra, la causa última de la colosal diversidad y de la sobrecogedora belleza del mundo vivo que habitamos. Muy personal: Un científico muy curioso Hay quien para divertirse sale con los amigos a cenar o a tomar unas copas; otros prefieren irse de excursión o practicar algún deporte; los más hogareños deciden quedarse en casa y ver una película. Para Arcadi Navarro, la diversión consiste en la curiosidad, en preguntarse continuamente por el mundo que le rodea e intentar que se entienda un poco más. “Es absolutamente fantástico pasarte el día encerrado delante del ordenador, haciéndote preguntas que a veces puedes responder y a veces no, lo que resulta aún más excitante”, afirma este científico con los ojos inundados de ilusión. “¿Has acampado alguna vez en un cámping o en la montaña? Seguro que habrás visto que de noche los insectos dan vueltas y vueltas alrededor de las luces, se acercan hasta que acaban quemándose. ¿Sabes por qué? Pues buscar esa información es apasionante”.
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–¿No se producen rebeliones?

